¡Buenos días Growlers!

Durante todos estos años, el metal ha ido evolucionado en múltiples subgéneros o fusiones (Death/Black Metal, Black/Doom Metal). La voz gutural ha tenido que adaptarse a estas nuevas vías; y obviamente a evolucionado en varios registros y tonos para aplicarse a las peticiones que la música pide. 

Hace 30 años, cuando empezaban a surgir las primeras bandas de Death Metal, el mensaje a transmitir era claro: Brutalidad, brutalidad sonora. Los músicos ponían las ecualizaciones graves a más no poder y tonos apagados. Claro, la voz no era más que la guinda del pastel, un elemento más de la brutalidad a bajas frecuencias. En resumen, una bola de sonido potente a ritmos acelerados que alteraban a todos los asistentes en un concierto. La voz, un sonido grave constante y sin cambios.

En los últimos años, con las fusiones de géneros de Metal Extremo la cosa ha cambiado; y ya no es factible ser monótono a la hora de cantar. Ahora el público es más exigente y no se conforma con escuchar siempre la misma voz. Cuando el público se encuentra con un cantante, que en la tercera o cuarta canción del concierto sigue haciendo lo mismo; el asistente se cansará y se marchará.    

Esta monotonía no solo repercute en el sonido; sino en la actitud escénica, en la transmisión emotiva de los temas, el dinamismo, movilidad

Las bandas que nacieron a finales de los 80 y cogieron la ola del Death Metal, por poner un ejemplo; ahora, los vocalistas, no pueden cambiar su manera de cantar; pues sus fans siempre quieren lo mismo. Es diferente si has formado una banda en los últimos años, puesto que habrás cogido la ola de las mezclas y fusiones del Metal Extremo y la gente no se va a conformar con que “imites a los grandes”. Siempre y cuando dependiendo de lo que quieras hacer.

La solución es convertirte en un vocalista dinámico y que mínimamente puedas ofrecer diversos matices, para que tu voz no se convierta en un bucle infinito de graves.

 

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